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Apenas unos pasos.


Para Maria.

Apenas unos pasos para salir de ti;
un desalentado repecho para limitarte.
Desde mi balcón me pareces  hermosa;
una anécdota más de mi paisaje,
una experiencia que disfruto con buen clima,
una forma de reencontrarme.
¿ Como pude pensar que fuera de mi jaula
no existía más vida?.
Un atardecer rojo se prende como un candil
en el rebollo y me olvido de la alfombra
de las hojas caídas.

Comentarios

enletrasarte(Omar) ha dicho que…
un placer poder encontraros, aprecio gratamente vuestra obra
un saludo desde Uruguay
Ángel-Isidro ha dicho que…
Hola MilaGros, andaba por aquí y nada
menos que tu entrada, tu preciosa entrada, un poema, versos belleza,
belleza a tus versos no les falta.
Apenas unos pasos" Tu voluntad, tu
tesoro es cración, tu creación es
el alma que nos tre paz y amor.
Un beso
Ángel-Isidro.

http://elblogdeunpoeta.blogspot.com/
sam rock ha dicho que…
Un fuerte abrazo. Buen y feliz fin de semana.
Anónimo ha dicho que…
Milagros tu poema me resuena como el eco de tu corazón en contacto con los ancestros que te conllevan...es un poema noble en donde sin esconder demasiado no dejas de ocultar signos que se mecen en tu incosnciente...es como el sonido del organo que te trasnporta al aroma del cirio ecuménico...

Luis Ángel Marín Ibañez
Carmen ha dicho que…
Un placer leerte. Muy bonito
Un salaudo

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APROVECHO MIS LETRAS.

Aprovecho mis letras para acariciar,
para besar,
para provocar sonrisas:
Como medio para llegar en la distancia. Pero sobre todo,para no alejarme yo
o volverme yerma,
aprovecho mis letras. Milagros Morales.

Duele

Duele que se haga de día 
y ver que durante la noche
has caminado por un estercolero
sin verlo ni notarlo
y estar rodeada de basura
que no sirven para nada .

Montañas de vivencias
desechables, sin reciclaje,
te cortan el paso
sin avance posible.

Duele y te sientes estúpida.

Pero te das cuenta
que no caminas sola ,
muchos otros caminan de vuelta
con el amanecer,
y vas equipada
para dejar atrás
tus despojos.

De vez en cuando.

De ves en cuandolas nubes descienden y sus estratos me atraviesan como puñales; pasan de largo, pero me dejan heridas de ausencias que enfrían la vida. Mi sangre se empantana con el escalofrío del sin deseo; mis ojos vuelven a ver espectros en la añoranza; la brújula se vuelve loca entre maletas incompletas y relojes demasiado impacientes. Me quedo en el andén de una estación apuntalada esperando sin espera. Me olvide tomarme las pastillas de la vida y ya no suenan campanas que me hacían brincar como chotilla moviendo la quietud de la hierba.